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miércoles, julio 15, 2020
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Olvido de la Historia

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Rodrigo Barba
Visuales: Ricardo Flores

Es fácil encontrar en la publicidad mensajes cuyo objetivo es que el espectador estructure su vida en función de la premisa de vivir el hoy sin importar el ayer ni el mañana. Ese espectador, a su vez, también ha sido expuesto desde la infancia a otro tipo de influencias —religiosas, periodísticas, familiares, políticas, científicas, por ejemplo, por nombrar algunas— que han delimitado en buena medida muchos de sus gustos y sus patrones de comportamiento.

Olvido de la Historia
Crime scene structures VI, @ricardoflores_art

Pues bien, el espectador es saturado con el mismo mensaje de vivir el hoy por diferentes envoltorios artísticos de cultura de masas —que pueden ser canciones pop o películas o vallas publicitarias que promueven la ingesta de chocolates o bebidas alcohólicas— y el espectador empieza a creer que tal vez es cierto, que lo más importante es el hoy, que el pasado hay que dejarlo en el olvido y que del futuro no hay que preocuparse porque aún no existe. Ese espectador anónimo e impersonal que se deja persuadir por la publicidad pasa de la fase espectador a la fase consumidor. ¿De mercancías? Por supuesto, pero de ideas también, de principios que regirán su existencia.

Uno de esos principios es vivir el presente, despreocuparse por el pasado y esperar con los ojos cerrados el futuro. Y en una sociedad como la salvadoreña, donde millones de personas son bombardeadas desde la infancia por ese mensaje codificador que se implanta como cosmovisión atada a una temporalidad estática en una realidad dinámica, es un asunto serio el culto al hoy cuando el presente está ahorcándose con una cuerda de zapatos de ayer, esto es: cuando en el tiempo actual la sangre no ha dejado de manar de esta región (centroamericana, habría que decir) saqueada, descuartizada y vilipendiada tanto por extranjeros invasores como por sus mismos habitantes a lo largo de su Historia ahora desconocida por buena parte de las nuevas generaciones que recién van ingresando a los recintos universitarios ansiosos por encontrarle sentido a su existencia, sin saber o sabiendo que la educación universitaria se ha convertido en una mera profesionalización, tecnificación o, si se tiene suerte, en una mínima transmisión de saberes útiles, eso, cuando la juventud tiene acceso a la educación universitaria.

¿Y cuál es el problema con esto? Que la realidad socio-política exige de las nuevas generaciones (y de la población en general, pero de momento el énfasis está en función de los límites de la educación universitaria) una participación activa en las deliberaciones sociales, y para que esa participación no sea simple ideologización o mano alzada en función de seguir modas o tendencias o repetir fórmulas es indispensable una relectura crítica de la situación actual, y para ello es necesario otear en el pasado (los últimos dos siglos por lo menos) y enfrentarse a un análisis objetivo del rumbo que ha llevado esta sociedad previa identificación de los principales actores sociales, características determinantes, hechos fundamentales, etcétera y etcétera, y para que esto se generalice en la educación universitaria no basta con que existan materias que lleven la palabra «Historia» en su nombre, no basta con que se publiquen estudios en revistas de poca difusión, no basta con que existan peritos en la materia estudiados en Alemania, Japón o México, no basta nada de eso mientras la juventud siga siendo sometida a la saturación constante de información y de imperativos que ponen el acento en vivir el hoy y olvidar el ayer, no, se requiere otro tipo de intervención político-pedagógica que rebase la pasividad de la enseñanza que impera en la mayoría de los salones de clase universitarios (y de educación media, valdría añadir sin riesgo a perder precisión) donde se hace caso omiso de la realidad socio-política cruenta y truculenta en la que estamos inmersos y entonces, con la supuesta asepsia del pensamiento, la transmisión y enseñanza de la Historia no puede convertirse en algo duradero, integral y significativo que permita una imbricación entre la juventud universitaria (futuros asalariados, posibles empresarios o desempleados) y la conciencia del peso de la Historia que deberían saber que cargan sobre sus hombros.     

Atentados y emergencias, pt. II, @ricardoflores_art

Y si la juventud universitaria concibe a la Historia como una simple disciplina o ciencia social, como una asignatura más de su pensum, si no caen en la cuenta de la gravedad del presente y de las atrocidades que se han cometido en el pasado en esta región siguiendo no sé qué brillantes directrices, si la juventud y la población entera no asume como indispensable reconstruir la Historia para saber qué fue lo que pasó y cómo vinimos a dar aquí, entonces estamos condenados a padecer la ignominia de políticos avezados, personas marginadas, empresarios arteros, comerciantes tramposos, criminales conspicuos y consumidores egoístas que erigen sus vidas sobre una sociedad desunida, peor que eso: rota, no, más atinado porque aún estamos vivitos y coleando: herida.

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Es un asunto serio el culto al hoy cuando el presente está ahorcándose con una cuerda de zapatos de ayer.

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