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sábado, enero 22, 2022
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Antinavidad

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Rodrigo Barba
Gonzalo Rivera
Armando Mendoza

Un gatito se comió a una rata gigante en el sexto piso frente a la casa de la vecina obesa que degusta como si fuese atún cada mañana un cereal con trocitos de cuyo. 

     En el edificio viven personas excéntricas, incapaces de adaptarse a la sociedad y sus remilgos. 

     En el tercer piso vive Montserrat, un señor de 45 años de edad que sufre de una extraña condición llamada piel de alas de mariposa. Junto a Montserrat vive Logan, un agente encubierto de la CIA que investiga la enfermedad de su vecino, pero lleva seis meses sin dar reporte, porque no deja de masturbarse viendo documentales de patos. 

     En el piso 9 solo vive un ex militar especialista en dar golpes de Estado a naciones tropicales. 

     En el piso 10 vive Luscious, que por haber hecho un hechizo que vio en un video de YouTube quedó condenado a tirarse por la ventana todos los días a las 10 de la noche, así es que todos los días el edificio entero lo escucha morir una y otra vez.

     En el último piso dicen que vive Minotauro, pero solo lo ha visto Stacey, la señora que vende pasteles en el piso 25.

     Y por si fuera poco, hoy es navidad. 

     Esas personas, que son los únicos habitantes de un edificio altísimo, han olvidado las celebraciones oficialistas y, aunque celebran, no saben que lo hacen porque están programados para hacerlo, aunque pretendan ser ermitaños siguen atrapados en la dominación ideológica, sus vidas transcurren sin muchos sobresaltos, pocas veces se produce un acontecimiento que logre sacarlos de la rutina, y hoy, ha ocurrido uno de esos singulares fenómenos. 

Luscious

Diez de la noche. Lucius está en la casa de sus progenitores, ansioso. Mira la ventana con ojos maniáticos. Su hermana está tensa y enarca las cejas en un tic nervioso que la pone más tensa. Lucius Súbitamente se levanta de su silla, salta como ninja y atraviesa la ventana. En la quebradera de vidrios logra divisar una figura punzante, extiende su mano y en el aire se la incrusta.

Su madre corre enloquecida afuera y llora porque su hijo está muerto, se rompió el cuello en la caída y su cabeza se asemeja a una maceta derrotada por el timbrar de los siglos.

Su padre mira la escena, escéptico, le molesta mucho tener que lidiar con esa carga simbólica de tener un hijo pagano. La madre de Lucius tiene una foto de cada una de sus muertes en las navidades desde hace diez años que hizo el ritual que le arruinó su existencia, esta vez no será la excepción, saca su celular y le pide a Edgardo que se acerque para la foto navideña.

“Tenemos que agradecer que nuestro hijo resucita de la tierra de los muertos como si fuese el Anticristo”, expresa con voz tenebrosa y se lame las lágrimas con una larguísima lengua de serpiente. La hermana menor de Luscious siente asco por la escena y en su interior crece el deseo de liberar a su hermano del limbo eterno, quiere verlo morir en paz, pero ¿cómo? Da igual, la idea se le va como se va una hora en la restitución del cuerpo de Luscious que se levanta y dice que hay una fiesta en el edificio donde vive y que se debe ir. “¿Tomaste la foto, mamá?”, pregunta y ella responde: “Al menos conmigo sí, tu hermana y tu papá se pusieron de castrosos y no les importó”. Luscious la abraza y le susurra: “Ya sabe cómo son”.

Cierra la puerta y regresa al edificio. 

Fiesta pagana

Están reunidos de tal forma que sus cuerpos hacen un pentagrama. Meditan. Hacen retumbar el edificio con mantras. Se conectan en otro plano existencial para invocar a Minotauro.

Stacey danza con aceite de coco en el pelo alrededor de unas velas que iluminan tenuemente.

Montserrat levita de cabeza y adopta la postura de estrella, su piel de mariposa se desprende y cae como una cascada de nieve sobre el resto.

El ex militar habla en lenguas y solo se entiende una palabra ‘AZOTH’.

La vecina obesa adelgaza y recupera parte de su juventud, abre los ojos y mira cien millones de años luz en la distancia, se convierte en clarividente, conoce el futuro como la palma de su mano.

Logan está siendo poseído por una entidad transdimensional, su cuerpo está helado, suda, mientras sus dedos rascan el suelo quebrándose las uñas e ignorando que le crece una nariz de Pinocchio.

Ocurre un temblor que provoca que las velas se caigan e inicien un incendio justo en el instante en el que Luscious ingresa y observa extasiado la escena, su hermana y sus padres lo han seguido y se ven arrastrados por el fuego de las llamas donde se da el sacrificio de los seres que se retuercen sin ninguna probabilidad de salvarse del sufrimiento. Solo la clarividente que aparece ilesa a la espalda de Luscious y le pregunta si está listo para conocer a Minotauro. Él asiente con la cabeza y ella con sus ojos le arrebata el alma del cuerpo y lo transporta al último piso. 

Minotauro

Luscius aparece en un laberinto por el que camina hasta darse cuenta que es como estar en un espiral. Ya no sabe adonde ir o si dejar de caminar. Una criatura gigante se le aparece, cuerpo humano con cabeza de toro o cabeza de humana con cuerpo de vaca. Sus ojos son ardientes como flamas infernales.

Se comunican telepáticamente. 

     “Quisieras que te liberara de tu hechizo?”, pregunta Minotauro. 

     Luscious se abalanza a decir que sí con clamor.

     “Lamé mis pezuñas”, expresa en un tono acústicamente inaudible y se carcajea con un chirrido estridente. Iioiooiioiiooooooiiii 

     “No te debo nada”, rechista Luscious, “¿por qué debería hacerlo? ¡Es humillante!”

     “Solo así vas a entender por qué un gatito se come a una rata gigante”, concluye Minotauro y se desdibuja el laberinto, Luscious, lo verde de la naturaleza, el Minotauro, la navidad y el tiempo. 

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